Si Paola no está.
Si duermo solo.
Sólo abro la mitad de la cama.
Es como dormir a medias.
Tan fácil como caminar y tan elemental como el movimiento.
Los hombres que, al desplazarse por el mundo, simplemente se dejan llevar por el ritmo constante de sus propios pasos mientras miran hacia el horizonte.
Así de sencilla debería ser la vida.
No escribo en el blog porque estoy escribiendo una tesis y estoy escribiendo una novela y además estoy escribiendo a mano mi diario/agenda y un libro que se llama "Un Año" y que es un libro de artista o un cuaderno de campo o todo a la vez y que seguiré dibujando y escribiendo hasta que se acabe la resma de papel que rescaté de la papelera de mi padre.
Voy a volver a escribir en este blog porque quiero hacer una especie de retrospectiva, autografía, ensayo sobre mi obra o todo a la vez y además volver a anotar el devenir de la vida, que es mucho más importante que cualquiera de todos esos proyectos de los que hablo.
Viene despacio, en silencio, casi sin levantar los pies, y puedes oír su susurro a tu espalda; sabes que está ahí, a la vuelta de la esquina, esperando a que la mires para golpearte como un tren de carga, encoger tu corazón y dejarte sin lágrimas ni esperanzas, con un sabor amargo que eclipsa el cielo. Incapaz de distinguir entre lo bueno, lo malo o lo mejor que alguna vez tuviste, te alegras de dejar de sentir, pues la amargura ya no entristece; las lágrimas brillan y las lamerás de las mejillas mientras la arrastras río arriba, entre crucifijos y tierras, solo para oírla gritar y liberarla. La dejarías engañarte una y otra vez porque ella es el peligro y tú solo la pluma que desea jugar a fingir, compartir un secreto sin mentiras y poner el alma en sacrificio, mientras el deseo de consumirla viva se mezcla con la oscuridad de la noche, donde una chispa sutil y afilada como una piedra te acompaña. La tarde te esconde pero no te retiene; mientras el frío cala hasta los huesos, la noche te envuelve, tus llantos se embellecen y el silencio se hace fuerte, marcando tu piel con astillas invisibles.
Fui el refugio abierto, el corazón entregado, pero el cuchillo en la espalda dejó el rastro marcado. "¿Es esto normal?", pregunto al vacío que calla, mientras el alma se agota en esta inútil batalla.
Pero hoy decido soltar el peso del ayer, ya no seré el escenario donde otro elija perder. Lejos queda el recuerdo, esa historia que fue bella, antes de que la angustia eclipsara la estrella.
Elijo mi camino, aunque el llanto me encuentre, caminando hacia el frente, donde el olvido se siente. Porque si el mundo se contradice y se pierde en su azar, yo guardo mi paz, aprendiendo al fin... a soltar.
"Me masturbo con frecuencia, placenteramente, sin remordimiento ni mal gusto de boca. Por primera vez sé lo que es comer. Me he engordado dos kilos. Me entra un hambre frenética y la comida me produce un placer prolongado. No había comido nunca de esta manera carnal y profunda. Ahora sólo deseo tres cosas: comer, dormir y follar. Los cabarets me excitan. Quiero escuchar música estridente, ver caras, pasar rozando cuerpos, beber “Benedictine” ferozmente. Las mujeres hermosas y los hombres guapos despiertan fieros deseos en mí. Quiero bailar. Quiero drogas. Quiero conocer a gente perversa, llegar a la intimidad de ellos. Nunca miro los rostros ingenuos. Quiero morder la vida y que me desgarre. Henry no me da todo esto. He despertado su amor. Maldito sea su amor. Me folla como nadie, pero quiero más. Me voy al infierno, al infierno, al infierno. Salvaje, salvaje, salvaje".
Anaïs Nin.
Henry y June 1986.
La vanidad es el cáncer del artista.
La soga de la que cuelga el ego.
Cianuro para el alma.
Solo eres un hombre que busca una verdad.
Desnuda y desata el lenguaje. Deja que sane el corazón.
No seas estúpido y no te creas el dueño de la palabra.
Deja caer las hojas de los árboles y suelta lastre.
Lo que no sueltes te enfermará.
Todo vale en el amor
Todo vale en la guerra
¿Pero qué pasa si solo nos queda la guerra?
No te vuelvas loco, no te creas tan presente.
No eres tan importante.
¿Y si el arte no es nada más que una enfermedad?
Está bien ....Solía vivir aquí, Solía vivir aquí, Solía vivir aquí, Solía vivir aquí, Solía vivir aquí, Solía vivir aquí, Solía vivir aquí, Solía vivir aquí...
¿No sabes que solía vivir aquí? Ahora nadie me da la bienvenida de nuevo
¿Ya no reconoces mi cara? El tiempo avanza lento, no envejezco, pero me vuelvo irreconocible
Solía vivir aquí...
Ya no escribo ni dibujo, es por la falta de tiempo. A mi edad la gente ya ha decidido qué hacer y hacen lo que hacen una y otra vez.
Pero yo todavía no sé si soy escritor o dibujante o pintor o cineasta o profesor o artista o carpintero. Aquí sigo buscándome la vida y sin saber porqué no he sabido orientar en una sola cosa mi oficio, dedicación o lo que sea.
Ahora estoy haciendo un doctorado, pero a la vez monto un armario, diseño otro mueble, pinto cuadros abstractos para subastas internacionales que no siempre salen bien. Escribo, doy clases de dibujo, pinto otro cuadro y voy a medir una cocina. En medio me pongo a hacer cursos, muchos por el doctorado y otros porque me apetecen. Creo que estoy todo el tiempo haciendo todo tipo de cosas que no hacen nada por mí. Sólo hago cosas y algunas me dan el dinero suficiente para seguir haciendo cosas y ya está.
No hay vuelta atrás. ya no puedo hacer otra cosa. llevo demasiados años fuera del sistema. Ahora soy yo y lo que venga, como siempre ha sido.
La realidad se ha convertido en algo sobre lo que opinar a través de las redes sociales. De igual manera, hace tiempo que se ha decidido que lo que no se ha fotografiado no existe.
La vida y la historia es un espectáculo especulativo. Porque lo que no se muestra y no se opina, no existe.
Voy al Thyssen y paso la mañana mirando un cuadro, luego otro cuadro y luego otro. Me siento en pausa, arrebatado, suspendido en el tiempo. Paso la mañana sin pensar en ninguna otra cosa fuera de este lugar o en si me lleva más tiempo una pintura que otra. Simplemente disfruto de la mirada y siento como mis pupilas se dilatan ante el asombro.
La acumulación de pinturas asombrosas es tal, que renuncio a intentar entender cómo han sido realizadas o el contexto de la obra o cualquier cosa que proporcione datos más allá que el autor y el título y la pura experiencia de la contemplación. No quiero saber nada que relativice mi experiencia, a la vez que soy consciente de que precisamente mi conocimiento sobre lo que estoy viendo es lo que me arrebata la mirada y sublima la experiencia.
Vuelvo insistentemente a visitar este tipo de museos, los que muestran sobre todo pinturas. También visito todo tipo de exposiciones, siempre que puedo, todas las que puedo. Pero prefiero la pintura. La pintura me llega mucho más adentro. La pintura se alinea con mi mirada y se alinea con mi alma. Es lo más parecido, que conozco, a la religión.
La pintura me enseña que si sales de casa y te das un paseo y luego te sientas a mirar el mundo, lo que vas a mirar es asombroso. Siempre.
Todos los hijosdeputa del mundo se llenan la boca con palabras como Libertad, Paz o Justicia. Son palabras bonitas que no significan lo mismo para los que sufren que para los que oprimen. Estos hijosdeputa utilizan este tipo de palabras como un ataque, un insulto o un desafío cuando en realidad deberían ser palabras conciliadoras. La sensación es que el mundo se está convirtiendo en un lugar oscuro donde las palabras que nos salvan empiezan a desaparecer.
Dios no es otra cosa que una necesidad.
Entiendo la necesidad del dios de los que entran en la cárcel o el dios de los que necesitan salir de las drogas o la bebida. Dioses que te ayudan a no suicidarte o a superar una perdida o una depresión. Dios es la idea que ayuda a salir de problemas que no parecen tener solución. Dios no es una sola cosa sino una idea diferente por cada persona que lo necesita de verdad. La necesidad construye los dioses como una medicina del alma.
¿Es una mentira que te ayuda a seguir? Bueno, pues quien soy yo para juzgarlo.
Luego están los que van a misa o practican cualquier religión sin más, por costumbre, por educación o porque para ellos sí existe un mismo dios común. Dios es el mismo para quien no lo necesita: Una estampita o una imagen en procesión o un cristo sobre la cama. En realidad esta gente que cree en ese dios común, no cree demasiado. Sólo son de esa manera y ya está.
Yo no creo en dios y tampoco me ha hecho falta nunca, pero entiendo a quién le hace falta, igual que entiendo a quien supera lo insuperable de cualquier otra manera.
Lo que me molesta es esa otra gente: Católicos apostólicos y romanos que no moverían un dedo por nadie que lo necesitase, carentes totales de humanidad, pero que te predican sin parar porque piensan que su fe les hace moralmente superiores a ti o al resto. Conozco mucha gente así. No son todos los católicos o musulmanes o judíos o lo que sean, pero sí son muchos.
Yo soy artista, imagino que la salvación de mi espíritu se encuentra en otro orden de cosas. No puedo decir nada malo de otras necesidades diferentes a las mías. Yo no estoy en un plano superior, solo que tengo mi fe puesta en otro sitio, en la pintura o en la palabra o en un lugar donde estoy sólo y escuchando las necesidades de mi cuerpo, o caminando. A veces ese lugar es el estudio, el taller, la pantalla de mi ordenador mientras escribo o el sonido de mis auriculares llenos de música mientras me siento suspendido en el tiempo.