miércoles, 11 de noviembre de 2015

¿El Arte Malo es Arte?



¿El Arte malo es arte? No lo se, creo que sí, es Arte malo, pero el Arte malo también es Arte. Creo. No lo se. Me da igual. Yo soy Artista, no un crítico, ni un especulador, ni siquiera un entendido.

En últimas, a nadie creo que le importe demasiado, es mucho mas importante el precio. En realidad en el Arte, no importa si es bueno o malo, lo que importa es el precio. El Arte puede ser Caro (Bueno) o Barato (Malo).

Si eres rico, puedes disfrutar de un Buen Arte, igual que disfrutarías de una mamada de 500 Euros con masaje relajante, anterior, incluido. Si eres pobre, mirarás las ilustraciones de un libro de saldo mientras te pajeas viendo porno gratis por internet.

Las cosas son así, todos podemos entrar en el Museo Reina Sofía, enseñando la tarjeta del paro, a mirar el Picasso que cuelga de la pared del baño, de invitados, de la casa de Madrid, de la Baronesa, donde Ella solo entra si no quiere demorarse demasiado en hacerse un tiro de cocaina, antes de la cena, con los representantes de la banca nacional esperando en el salón,  a propósito del cambio de gobierno inminente.

Es el Dinero lo que determina si algo es Bueno o Malo.
El critico está pagado.
La historia la escriben los ricos.
Tu independencia ideológica está manipulada.
Piensas que eres libre, pero es solo una ilusión.

En definitiva, creo que debemos apostar por el Arte malo, barato, inculto, a falta de perfeccionar, bruto y a veces obsceno. El Arte producido por Artistas que no aspiran a ser una puta mierda y que poco les importan los mercados. Pobres desgraciados que producen un Arte que no intenta escandalizar a los ricos, porque así no valdrá mas dinero, ni se expondrá en ferias de Arte convenientes, ni se comentarán en los salones de las pijas del barrio de Salamanca. Ni aparecerá en la Historia del Arte. Ni se tendrá en cuenta a la hora de calcular el producto interior bruto. El Arte Malo, sobre el que ningún profesor de escuela hablará en su programa.

El Arte malo no es Arte, pero da igual. A nadie le importa el Arte, a no ser que tengas dinero suficiente para pagarlo.

domingo, 1 de noviembre de 2015

Derrumbado


Puedo imitar perfectamente el ruido que hace un edificio cuando se desmorona. Escucho el gemido de las tablas cuando salta el suelo. Siento el polvo del yeso en mi nariz, y en mi garganta, y en mi frente, mientras se derriban los muros de la cocina. El polvo sobre mi espalda de un techo cayendo y el agua saliendo disparado en todas direcciones de las tuberías reventadas.


Pienso que mi vida ha sido bombardeada hasta no dejar nada posible que reconstruir.

Casi no recuerdo como hemos llegado aquí. Una mañana la miro y no la reconozco mientras huelo el café. De alguna manera, durante el desayuno, su rostro se ha convertido en un recordatorio de las cosas que ya no tengo. Sin embargo seguimos estando de acuerdo en multitud de cosas, como el color de las nuevas cortinas, la compra de esta tarde,  los planes para el fin de semana, y otras muchas.

Con tiempo, todos los caminos conducen a la soledad.

Arde Troya




Arde Troya, como si estuviésemos en guerra. Arden Troyanos, como los condones que no utilizo. Ella se llama Helen. Estuve en su boda.

Helen, la novia, y el novio fueron bañados en alpiste en lugar de arroz y sal, todos les desean un bebé, todos sonríen y gritan y se muestran entusiastas. Meses mas tarde la esposa se diagnostica estéril y todos los cuervos caen muertos de los árboles como cintas de duelo desatadas de sus lazos. Helen está ahora a mi lado, en la cama. Cataloga mis costillas como un millar de barcos dispersos por la tormenta. No me quiere, pero se siente bien en este espacio de intimidad, fuera del mundo, tan triste allá afuera.

Yo también estoy triste, caminando a casa en la oscuridad. Escuchando música que me separe del sonido de la realidad, de las caras amables de los turistas, de un intento de conversación a la entrada del metro. Evito mirar el teléfono. En su lugar, la lluvia. Toda la tarde dando vueltas, pensando que he perdido de vista lo que es importante. Ya en casa, vuelvo a la ducha a la 1 de la mañana.

Es triste porque todo esto no es sólo una colección de unos malos días. Es una constante sensación de desesperanza. Son un montón de horas de temblores y dolores de estómago. Es una gran cantidad de poemas de mierda y dedos agitados frente a un monitor. 

Al día siguiente me lo monto con Yesca, después de mensajearme con algunas otras más. Me gusta su nombre: Yesca, extraño como el olor a leña y fuego. Pienso que dejará marcas de quemadura en mi piel y en mis sábanas y luego esos daños serán bellos como un poema.

No es mucho después cuando me llaman por un número oculto. Al descolgar se presenta: "Hola, soy Helen", en lugar de decir: "Soy yo. Soy la esposa herida que no puede tener hijos". 

Yo telefoneé al oráculo:
"¿Qué va a pasar con la herida?
Y el oráculo me respondió: "El que causo la herida los sanará."
Pero, ¿qué hay de mí? ¿No soy yo el que necesita la sanidad?

Media hora después estoy follándo con Helen. 



Necesito las drogas



Algunos domingos por la mañana la diversión se termina. Recogemos nuestros restos e intentamos irnos a casa haciendo tic tac muy despacio. El sol aparece sobre nuestras gafas oscuras. El tráfico parece lento, y los coches intentan lamentarse en un horrible desfile a baja velocidad. La realidad parece una interferencia en slow-motion, no demasiado nítida, no demasiado acompasada. Sufro de ansiedad pensando en llegar al final de la calle para girar a la izquierda. Necesito las drogas para hacer que las estrellas vengan de nuevo. Necesito medicamentos que te hagan brillar. Necesito las pastillas que me llevan a casa.

Instrucciones para llorar



Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejan za. El llanto medio u ordinario consiste en una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos, estos últimos al final, pues el llanto se acaba en el momento en que uno se suena enérgicamente.
Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca.
Llegado el llanto, se tapará con decoro el rostro usando am­bas manos con la palma hacia dentro. Los niños llorarán con la manga del saco contra la cara, y de preferencia en un rincón del cuarto. Duración media del llanto, tres minutos.
Julio Cortázar