sábado, 31 de marzo de 2012

Crash


El matrimonio de la razón y la pesadilla que dominó el siglo XX ha engendrado un mundo cada vez más ambiguo. Los espectros de siniestras tecnologías y los sueños que el dinero puede comprar se mueven en un paisaje de comunicaciones. El armamento tecnológico y los anuncios de bebidas gaseosas coexisten en un dominio de luces enceguecedoras gobernado por la publicidad y los seudo acontecimientos, la ciencia y la pornografía. Los leitmotiv gemelos de este siglo, el sexo y la paranoia, presiden nuestras existencias. El júbilo de McLuhan frente a los mosaicos de información ultrarrápida no basta para que olvidemos el profundo pesimismo de Freud en El malestar de la cultura. El voyeurismo, la insatisfacción, la puerilidad de nuestros sueños y aspiraciones, todas estas enfermedades de la psique han culminado ahora en la víctima más aterradora de nuestra época: la muerte del afecto.

El “hecho” capital del siglo XX es la aparición del concepto de posibilidad ilimitada. Este predicado de la ciencia y la tecnología implica la noción de una moratoria del pasado –el pasado ya no es pertinente, y tal vez esté muerto– y las ilimitadas alternativas accesibles en el presente. 

Añadiré que a mi criterio el equilibrio entre realidad y ficción cambió radicalmente en la década del sesenta, y los papeles se están invirtiendo. Vivimos en un mundo gobernado por las ficciones de toda índole: la producción en masa, la publicidad, la política conducida como una rama de la publicidad, la traducción instantánea de la ciencia y la tecnología en imaginería popular, la confusión y la confrontación de identidades en el dominio de los bienes de consumo, la anulación anticipada de la pantalla de TV, de toda reacción personal a alguna experiencia. Vivimos dentro de una enorme novela. Cada vez es menos necesario que el escritor invente un contenido ficticio. La ficción ya está ahí. La tarea del escritor es inventar la realidad.

Entiendo que el papel, la autoridad y la libertad misma del escritor han cambiado radicalmente. Estoy convencido de que en cierto sentido el escritor ya no sabe nada. No hay en él una actitud moral. Al lector sólo puede ofrecerle el contenido de su propia mente, una serie de opciones y alternativas imaginarias. El papel del escritor es hoy el del hombre de ciencia, en un safari o en un laboratorio, enfrentado a un terreno o a un tema absolutamente desconocidos. Todo lo que puede hacer es esbozar varias hipótesis y confrontarlas con hechos.

Zach Galifianakis fuma marihuana

Oye nena, YO soy un artista


Oye Nena, YO soy un artista. No un pintamonas, No... YO soy un artista. YO, el artista. El que se lo monta de de puta madre con las pinturas y con los pinceles. YO, el que saca punta al lápiz. El que se lía a ostias con el blanco, con el puto vacío. El que ensucia lo nuevo, el que mancha lo bello, el que escupe en la cosmética, y se cansa de tu cara de memo. YO, el que restriega su mierda en todas la putas vírgenes inmaculadas.

E.U.R.O.P.A. ha muerto, E.S.P.A.Ñ.A. es un FUCKING FAKE, y yo no soy el que canta el Salve,  no soy el que apoya al Gobierno, ni a la oposición, ni la P.U.T.A. huelga de los S.I.N.D.I.C.A.T.O.S. Hey!!! Dirigente sindical!!! Deja de joder la música a los negros. Hey!!! Galerista!!! Cierra tu antro de especulación. Hey!! Artista!! J.O.D.T. y monta un sindicato. Juntaros todos para linchar galeristas. Ellos son los que contratan anti-disturbios para linchar pintores o dibujantes, escultores y grafistas.

CRISIS. Como una marca registrada: C.R.I.S.I.S. Estado mental del A.R.T.E. Estado natural del artista. Estamos en Crisis, somos la crisis. Artistas: La mierda danzante y cantante del mundo. Exterminemos a los artistas. La lacra de esta puta sociedad. Innecesarios, prescindibles, descartes de posibilidad absoluta de productividad positiva. Números rojos en una situación de emergencia.

ARTISTA: No abra la boca, no diga nada y nunca deje de sonreir. Cualquier cosa que diga puede y será usada en su contra. Haga de su día una rutina, encarrile sus horas y no se queje, no tropiece. Callese lo que piense y utilice terminos como "vamos" y "nosotros", y no diga "Yo", y por nada del mundo mencione palabras como CRISIS o I.V.A.

Sea  corporativo, pertenezca a una corriente ideológica, a poder ser de izquierdas, pero con educación. Por lo menos el tiempo suficiente hasta estar podrido de dinero y después poder ser de ultra-izquierda con una buena cuenta corriente.

Oye Nena, Yo soy un artista. Soy la mierda danzante y cantante del mundo.


jueves, 29 de marzo de 2012

Amores enterrados en la tumba del olvido




Qué puede pasar cuando no ves a una mujer durante cuarenta años? Lo mismo que le puede pasar a una mujer cuando no vio a un tipo durante cuarenta años. Una comedia de enredos y equívocos. Y el General Alzheimer como invitado especial. Me hizo un resumen de su vida. Yo hice lo mismo. Fue un encuentro de derrotas mutuas. Me dijo que el tiempo no había pasado para mí. Yo también mentí. Me dijo que nunca se había olvidado de mí. Yo también mentí. Y así. Durante una hora. Durante una hora hablamos y hablamos del pasado. De nuestros paseos por la costanera. De Salvatore Adamo y algún otro tío. Del día que le regalé un corazón de chocolate. De cuando su padre nos sorprendió besándonos en la plaza. De cómo me gustaba el dulce de ciruelas. Dulce que ahora odio. De lo enamorada que estaba de mí. De lo enamorado que estaba de ella. Antes de marcharse me dio un beso y un abrazo. Yo también mentí. Esto paso hace tres días. Aquello pasó hace cuarenta años. Todo el tiempo estuve esperando que diga su nombre. Que diga por ejemplo: Y tú me decías siempre, Fabiola, Anita, Mercedes, quiero verte siempre con tu falda azul. Y no. No lo dijo. Y eso que hablamos y hablamos. Aun hago esfuerzos por recordar el nombre de esa chica, ahora vieja, que posiblemente no veré nunca más. Eso espero. Amores enterrados en la tumba del olvido.