Tan fácil como caminar y tan elemental como el movimiento.
Los hombres que, al desplazarse por el mundo, simplemente se dejan llevar por el ritmo constante de sus propios pasos mientras miran hacia el horizonte.
Así de sencilla debería ser la vida.
Tan fácil como caminar y tan elemental como el movimiento.
Los hombres que, al desplazarse por el mundo, simplemente se dejan llevar por el ritmo constante de sus propios pasos mientras miran hacia el horizonte.
Así de sencilla debería ser la vida.
No escribo en el blog porque estoy escribiendo una tesis y estoy escribiendo una novela y además estoy escribiendo a mano mi diario/agenda y un libro que se llama "Un Año" y que es un libro de artista o un cuaderno de campo o todo a la vez y que seguiré dibujando y escribiendo hasta que se acabe la resma de papel que rescaté de la papelera de mi padre.
Voy a volver a escribir en este blog porque quiero hacer una especie de retrospectiva, autografía, ensayo sobre mi obra o todo a la vez y además volver a anotar el devenir de la vida, que es mucho más importante que cualquiera de todos esos proyectos de los que hablo.
Viene despacio, en silencio, casi sin levantar los pies, y puedes oír su susurro a tu espalda; sabes que está ahí, a la vuelta de la esquina, esperando a que la mires para golpearte como un tren de carga, encoger tu corazón y dejarte sin lágrimas ni esperanzas, con un sabor amargo que eclipsa el cielo. Incapaz de distinguir entre lo bueno, lo malo o lo mejor que alguna vez tuviste, te alegras de dejar de sentir, pues la amargura ya no entristece; las lágrimas brillan y las lamerás de las mejillas mientras la arrastras río arriba, entre crucifijos y tierras, solo para oírla gritar y liberarla. La dejarías engañarte una y otra vez porque ella es el peligro y tú solo la pluma que desea jugar a fingir, compartir un secreto sin mentiras y poner el alma en sacrificio, mientras el deseo de consumirla viva se mezcla con la oscuridad de la noche, donde una chispa sutil y afilada como una piedra te acompaña. La tarde te esconde pero no te retiene; mientras el frío cala hasta los huesos, la noche te envuelve, tus llantos se embellecen y el silencio se hace fuerte, marcando tu piel con astillas invisibles.
Fui el refugio abierto, el corazón entregado, pero el cuchillo en la espalda dejó el rastro marcado. "¿Es esto normal?", pregunto al vacío que calla, mientras el alma se agota en esta inútil batalla.
Pero hoy decido soltar el peso del ayer, ya no seré el escenario donde otro elija perder. Lejos queda el recuerdo, esa historia que fue bella, antes de que la angustia eclipsara la estrella.
Elijo mi camino, aunque el llanto me encuentre, caminando hacia el frente, donde el olvido se siente. Porque si el mundo se contradice y se pierde en su azar, yo guardo mi paz, aprendiendo al fin... a soltar.
"Me masturbo con frecuencia, placenteramente, sin remordimiento ni mal gusto de boca. Por primera vez sé lo que es comer. Me he engordado dos kilos. Me entra un hambre frenética y la comida me produce un placer prolongado. No había comido nunca de esta manera carnal y profunda. Ahora sólo deseo tres cosas: comer, dormir y follar. Los cabarets me excitan. Quiero escuchar música estridente, ver caras, pasar rozando cuerpos, beber “Benedictine” ferozmente. Las mujeres hermosas y los hombres guapos despiertan fieros deseos en mí. Quiero bailar. Quiero drogas. Quiero conocer a gente perversa, llegar a la intimidad de ellos. Nunca miro los rostros ingenuos. Quiero morder la vida y que me desgarre. Henry no me da todo esto. He despertado su amor. Maldito sea su amor. Me folla como nadie, pero quiero más. Me voy al infierno, al infierno, al infierno. Salvaje, salvaje, salvaje".
Anaïs Nin.
Henry y June 1986.
La vanidad es el cáncer del artista.
La soga de la que cuelga el ego.
Cianuro para el alma.
Solo eres un hombre que busca una verdad.
Desnuda y desata el lenguaje. Deja que sane el corazón.
No seas estúpido y no te creas el dueño de la palabra.
Deja caer las hojas de los árboles y suelta lastre.
Lo que no sueltes te enfermará.
Todo vale en el amor
Todo vale en la guerra
¿Pero qué pasa si solo nos queda la guerra?
No te vuelvas loco, no te creas tan presente.
No eres tan importante.
¿Y si el arte no es nada más que una enfermedad?
Está bien ....Solía vivir aquí, Solía vivir aquí, Solía vivir aquí, Solía vivir aquí, Solía vivir aquí, Solía vivir aquí, Solía vivir aquí, Solía vivir aquí...
¿No sabes que solía vivir aquí? Ahora nadie me da la bienvenida de nuevo
¿Ya no reconoces mi cara? El tiempo avanza lento, no envejezco, pero me vuelvo irreconocible
Solía vivir aquí...
Ya no escribo ni dibujo, es por la falta de tiempo. A mi edad la gente ya ha decidido qué hacer y hacen lo que hacen una y otra vez.
Pero yo todavía no sé si soy escritor o dibujante o pintor o cineasta o profesor o artista o carpintero. Aquí sigo buscándome la vida y sin saber porqué no he sabido orientar en una sola cosa mi oficio, dedicación o lo que sea.
Ahora estoy haciendo un doctorado, pero a la vez monto un armario, diseño otro mueble, pinto cuadros abstractos para subastas internacionales que no siempre salen bien. Escribo, doy clases de dibujo, pinto otro cuadro y voy a medir una cocina. En medio me pongo a hacer cursos, muchos por el doctorado y otros porque me apetecen. Creo que estoy todo el tiempo haciendo todo tipo de cosas que no hacen nada por mí. Sólo hago cosas y algunas me dan el dinero suficiente para seguir haciendo cosas y ya está.
No hay vuelta atrás. ya no puedo hacer otra cosa. llevo demasiados años fuera del sistema. Ahora soy yo y lo que venga, como siempre ha sido.
La realidad se ha convertido en algo sobre lo que opinar a través de las redes sociales. De igual manera, hace tiempo que se ha decidido que lo que no se ha fotografiado no existe.
La vida y la historia es un espectáculo especulativo. Porque lo que no se muestra y no se opina, no existe.