Las democracias modernas fabrican fascistas a toda velocidad
Dios no es otra cosa que una necesidad.
Entiendo la necesidad del dios de los que entran en la cárcel o el dios de los que necesitan salir de las drogas o la bebida. Dioses que te ayudan a no suicidarte o a superar una perdida o una depresión. Dios es la idea que ayuda a salir de problemas que no parecen tener solución. Dios no es una sola cosa sino una idea diferente por cada persona que lo necesita de verdad. La necesidad construye los dioses como una medicina del alma.
¿Es una mentira que te ayuda a seguir? Bueno, pues quien soy yo para juzgarlo.
Luego están los que van a misa o practican cualquier religión sin más, por costumbre, por educación o porque para ellos sí existe un mismo dios común. Dios es el mismo para quien no lo necesita: Una estampita o una imagen en procesión o un cristo sobre la cama. En realidad esta gente que cree en ese dios común, no cree demasiado. Sólo son de esa manera y ya está.
Yo no creo en dios y tampoco me ha hecho falta nunca, pero entiendo a quién le hace falta, igual que entiendo a quien supera lo insuperable de cualquier otra manera.
Lo que me molesta es esa otra gente: Católicos apostólicos y romanos que no moverían un dedo por nadie que lo necesitase, carentes totales de humanidad, pero que te predican sin parar porque piensan que su fe les hace moralmente superiores a ti o al resto. Conozco mucha gente así. No son todos los católicos o musulmanes o judíos o lo que sean, pero sí son muchos.
Yo soy artista, imagino que la salvación de mi espíritu se encuentra en otro orden de cosas. No puedo decir nada malo de otras necesidades diferentes a las mías. Yo no estoy en un plano superior, solo que tengo mi fe puesta en otro sitio, en la pintura o en la palabra o en un lugar donde estoy sólo y escuchando las necesidades de mi cuerpo, o caminando. A veces ese lugar es el estudio, el taller, la pantalla de mi ordenador mientras escribo o el sonido de mis auriculares llenos de música mientras me siento suspendido en el tiempo.
Pienso que llegará un día en que solo escuche el silencio de mi decepción.
Nada de lo que eres hoy, serás mañana.
No importa el pasado ni el futuro,
tal vez importe el presente.
Tal vez importe por un tiempo,
el presente, mientras dure.
Vives siempre en el verbo presente
y en el siempre ahora.
Nada ni nadie te pertenece,
solo te acompañan o no.
El tiempo pasa y el presente se llena y se vacía,
todo el tiempo, de la gente que te acompaña.
La gente viene y va y pocos son los que se quedan.
Aún así, avanzas confiado hacia la oscuridad, sin saber porqué.
Tal vez sea por rutina.
¿Quién te venderá mañana?
Solo te pueden vender los más cercanos. Solo vendes algo cuando lo ganas y lo tienes, lo posees. A Jesús le vendió su compañero más fiel, a quien no le hacía falta el dinero. Lo vendió porque podía.
Quien no te conoce no te puede vender.
Lo humano es así: Te acercas por curiosidad y luego lo devoras todo y a todos. Por que puedes.
Hay un tiempo para burlarnos y otro para que se burlen de nosotros, como hay un tiempo para beber cocktails y otro para vomitarlos.
Los espejos deberían pensárselo dos veces antes de devolver una imagen.
La única cosa totalmente nuestra, nuestra imagen, en realidad es todo menos nuestra. Nuestra imagen es de los demás y a nosotros solo nos pertenece la fe en lo que el espejo nos devuelve. Creer en nuestro reflejo ya es apostar por un mundo imaginado, confiar en el criterio ajeno y dar por cierto lo que te cuentan, incluso de ti mismo.