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martes, 27 de abril de 2021

Sobre darle poemas a la gente



No le puedes dar poemas a cualquiera.

No se pueden poseer como las corbatas.
Desde el momento en que están escritos
no pertenecen ni a ti ni a mí
sino a todos.
Por muy emotiva que sea tu dedicación,
por muy privadas que sean las memorias que reveles,
los poemas no pueden apartarse
de la mirada de los otros.
Ya que no son posesión del poeta
pueden pertenecer a cualquiera —igual que el mundo
que le pertenece a todos y a nadie.

Los poemas son una brisa tejiendo una vía
entre las personas.
Encienden como un relámpago
el rostro de la verdad.
Aunque el poeta intente esconder el nombre de su amante
en un acróstico, su aspiración
trasciende
el sentido local del poema
—no puede apresar sus poemas en un libro.
Darle poemas a la gente
es como darle aire.
Y si se tratase de aire
desearía que fuese el aire silencioso
que se derrama de los labios de los amantes.
Porque, al acumular palabras tras palabras
como aquí,
anhelamos la comunión de las almas
en la cual las palabras aún no son palabras
y ya no son más palabras.

Shuntarō Tanikawa

[versión de la traducción de William I. Elliot y Kazuo Kawamura, en Shuntarō Tanikawa: New Selected Poems, Carcanet Press, 2015]


miércoles, 25 de marzo de 2020

UN CHAGALL Y UNA HOJA DE ROBLE




He gastado todos mis ahorros en una litografía de Chagall
y la he puesto junto a una hoja de roble que encontré en el camino.
Algo a lo que podemos ponerle precio
junto a algo a lo que no podemos ponérselo.
Algo que es producto de una mano y un corazón humanos
y algo que es obra de la naturaleza.
El Chagall es hermoso.
La hoja de roble es hermosa.
Me levanto y preparo té
mientras una suave luz vespertina ilumina la mesa.
Mirando el Chagall
pienso en los días pasados cuando ella regresó junto a mí.
Mirando la hoja de roble
pienso en la delicadeza de lo creado.
Una hoja de roble y un Chagall,
ambos preciosos, irreemplazables.
El sonido de Ravel en el piano crece.
El hoy se transforma en uno con la eternidad
Igual que cuerpo y alma se deshacen en uno
en el cielo azul tras la ventana.
Y estas lágrimas, ¿por quién serán?

...
Shuntaro Tanikawa

viernes, 28 de febrero de 2020

LA TIERRA DE LA PUREZA


No puedo huir de quien soy.
Sin reparos he mostrado mis rasgos comunes a la gente,
dos ojos, dos orejas, una nariz y una boca,
tal vez porque tengo algo que ocultar.

Cuando vi de nuevo a mi amigo muerto
en una habitación de ladrillos sucios
su sangre y sus intestinos estaban esparcidos,
estaba húmedo sobre la mesa de operaciones
como una canoa en un cenagal.
Ya no llevaba nada consigo, nada ocultaba.
No quedaba más que la luz cegadora de un tubo fluorescente.

La luminosidad es más terrorífica que la oscuridad.
Contra el mar brillante incluso lo horrendo parece hermoso.
De frente al infinito nos convertimos en un grano de arena.
A nuestros oídos llega el sonido de las olas, tan distinto del abuso y la risa.

Si llega mi hora de ir a la llamada Tierra de la Pureza
y se escrutado minuciosamente por alguien como Buda o los ángeles
¿cuál debería ser mi expresión en un momento así?

Oculto cosas que habré perdido cuando sea inmortal,
ignorante de que las escondo.
Rodeado por gente severa, bloqueando los ruidos de la mortalidad,
estoy quieto en la sombra escabrosa de los árboles del invierno temprano
...
Shuntaro Tanikawa

Y


Cuando lleva el verano
las cigarras
cantan de nuevo.

Fuegos artificiales
detenidos
en mi memoria.

Los países distantes se ven borrosos
pero el universo
está justo delante de tu nariz.

Qué bendición
que alguien
puede morir

Dejando tras de sí
tan sólo la conjunción
“y”.

...

Shuntaro Tanikawa