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viernes, 17 de octubre de 2025

REGRESO A LOS SAPOS



¿Quién no prefiere pasear
por el parque a trabajar?
El lago, el sol,
hierba donde echarse,

lejano rumor de críos
y niñeras de medias negras:
no está mal el lugar.
Pero no es para mí,

no soy uno de esos tipos
que te encuentras por las tardes:
hemipléjicos que apenas andan,
oficinistas con temblores,

pacientes de carne cérea
aún con secuelas del accidente,
y personajes de abrigo largo
que hurgan en las papeleras:

gentes que esquivan el sapo del trabajo
por estúpidos o por débiles.
¡Imagínate ser como ellos!
Oír cómo dan las horas,

ver cómo traen el pan.
el sol que se oculta tras las nubes,
los niños que vuelven a casa;
imagínate ser como ellos,

ir rumiando tus fracasos
junto a un lecho de lobelias,
no tener adónde ir
ni más amigos que unas sillas vacías.

No, dadme mi montaña de papales,
mi secretaria con permanente,
mi le-paso-la-llamada-señor:
¿qué más puedo responder

cuando las farolas se encienden a las cuatro
y acaba ya otro año?
Dame tu brazo, viejo sapo,
tomemos la Cuesta del Cementerio abajo.

miércoles, 30 de julio de 2025

El eco del hacha


Esto es lo primero
que yo aprendí:
el tiempo es el eco de un hacha
adentro de un bosque.

domingo, 10 de noviembre de 2024

Un estudio sobre los hábitos de lectura



Cuando meter la nariz en un libro
me libraba de casi todo
–menos del colegio–,
valía la pena arruinar mis ojos
para probar que podía estar en onda
y repartir el buen gancho derecho
a matones que doblaban mi talla.
Luego, con lentes de fondo de botella,
la maldad fue lo mío:
yo, con mi capa y con mis colmillos,
tuve momentos de muerte en lo oscuro.
¡La de mujeres que aporreé con sexo!
Las desbarataba como merengues.
No leo demasiado ahora: el tipo
que decepciona a la muchacha antes
de que se aparezca el héroe, o el otro
que lleva el almacén y es un pendejo
me son muy familiares. Emborráchate:

NADA QUE DECIR



Para naciones imprecisas como maleza, para los nómadas que viven entre las rocas, tribus de baja estatura y cara de enfado, y para las familias unidas por adoquines en pueblos con molinos de oscuras mañanas, la vida es una muerte lenta. Y también sus distintas maneras de edificar, de bendecir de medir el amor y el dinero son variantes de una muerte lenta. El día que uno pasa cazando un cerdo o celebrando un fiesta en el jardín, horas que dan fe o dan a luz, avanzan hacia una muerte igualmente lenta. Y decir eso para algunos no significa nada; a otros les deja sin nada que decir.