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jueves, 13 de octubre de 2022

Ebrios


Deberíamos estar siempre ebrios. Eso es todo. No hay otro dilema. Para no sentir la terrible carga del Tiempo que nos destroza la espalda hasta hacernos besar el suelo, es necesario embriagarnos sin tregua.

¿De qué? ¡De vino, de poesía, de virtud! ¡De lo que quieras! ¡Pero embriágate!

Y si en cualquier momento, en la escalera de un palacio, sobre la hierba fresca o en la soledad cerrada de tu habitación te das cuenta de pronto que la embriaguez cede o está por disiparse, pregunta al viento, a las olas, a la estrella, a las aves, al reloj, a todo aquello que huye, a todo aquello que gime, todo lo que gira, lo que canta, lo que habla: pregunta a todos qué hora es; y el viento, la ola, la estrella, las aves, el reloj, te responderán “¡Es hora de embriagarse! Para dejar de ser esclavos martirizados del Tiempo, ¡embriágate! ¡Embriágate sin cesar! De vino, de poesía, de virtud… de lo que quieras.

jueves, 19 de abril de 2018

Embriágate


Es preciso estar siempre ebrio. Todo consiste en eso: es la única cuestión. Para no sentir la horrible carga del tiempo, que aplasta tus hombros y te inclina hacia la tierra, es preciso que te embriagues sin tregua.
Pero ¿de qué? De vino, de poesía o de virtud, de lo que te plazca.
Pero embriágate.
Y si alguna vez en los escalones de un palacio, sobre la hierba verde de un foso, en la soledad lúgubre de tu cuarto, te despiertas, la embriaguez ya disminuida o ya desaparecida, pregunta al viento, a la ola, a la estrella, al pájaro, al reloj, a todo lo que huye, a todo lo que gime, a todo lo que rueda, a todo lo que canta, a todo lo que habla, pregúntales que hora es, y el viento, la ola, la estrella, el pájaro, el reloj, te responderán:
¡Es hora de embriagarse!
Para no ser esclavos martirizados del tiempo, embriágate ¡embriágate sin cesar! De vino, de poesía, o de virtud, de lo que te plazca. 
Embriágate, Charles Baudelaire.

jueves, 8 de marzo de 2018

Himno a la Belleza


¿Vienes del hondo cielo o del abismo sales, Belleza? 
Tu mirar, infernal y divino, 
vierte confusamente beneficios y crímenes,
por lo que se te puede comparar con el vino.
Tus dos ojos contienen el poniente y la aurora;
esparces más perfumes que un ocaso tormentoso.
Tus besos son un filtro y tu boca es un ánfora
que hacen cobarde al héroe y al niño valeroso.
¿Sales del negro abismo o bajas de los astros?
Como un perro, el Destino sigue ciego tu falda...
Al azar vas sembrando la dicha y los desastres,
y todo lo gobiernas sin responder nada.
¡Caminas sobre muertos, y te burlas, Belleza!
El Horror, de tus broches no es el menos precioso,
y el Crimen, que se cuenta entre tus caros dijes,
danza amorosamente en tu vientre orgulloso.
Deslumbrado, el insecto vuela hacia ti, candela.
Crepita, estalla y dice: "¡Bendigamos la antorcha!".
El amante jadeando sobre su bella amada,
parece un moribundo que acaricia su fosa.
¿Qué importa así del cielo vengas o del infierno
Belleza, monstruo enorme, ingenuo y atrevido,
si tu mirar, tu pie, tu faz me abren la puerta
de un Infinito que amo y nunca he conocido?
De Satán o Dios, ¿qué importa? Ángel, Sirena,
¿qué importa, si me vuelves, -¡hada de ojos sedantes,
ritmo, perfume, luz, ¡oh tú, mi única reina!-
manos odioso el mundo más cortos los infantes?

'Himno a la belleza', un poema de Charles Baudelaire

sábado, 6 de diciembre de 2014

SPLEEN


Albergo más recuerdos que si tuviera siglos.
Un gran aparador repleto de facturas,
Versos, cartas de amor, romances y procesos,
Con pesados cabellos que envolvieran balances,
Menos secretos guarda que mi aciago cerebro.
Es como una pirámide, como una inmensa cueva
Que contiene más muertos que la fosa común.
—Yo soy un camposanto que aborrece la luna
Donde como pesares se arrastran los gusanos
Que sin piedad se ceban con mis muertos más caros.
Soy un viejo boudoir lleno de ajadas rosas
En el que se entremezclan modas de un solo día;
Lamentables pasteles y un Boucher(1) desvaído
Aspiran el aroma de un corrompido frasco.


Nada más insufrible que las rengas jornadas
En que, bajo los copos de nevadas eternas,
El tedio producido por el desinterés,
De la inmortalidad toma las proporciones.
—Desde ahora ya no eres, ¡oh viviente materia!
Más que una mole pétrea rodeada de espanto
Dormida en el confín de un Sahara brumoso;
Una ignorada esfinge del mundo indiferente,
Olvidada en el mapa, y cuyo arisco humor
A los rayos del sol poniente sólo canta.


...
Charles Baudelaire