Mostrando entradas con la etiqueta Roberto Bolaño. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Roberto Bolaño. Mostrar todas las entradas

lunes, 28 de octubre de 2019

Roberto Bolaño Poeta y Vago


"Ser atracador de bancos, por ejemplo. O director de cine. O gigoló. O ser niño otra vez y jugar en un equipo de fútbol más o menos apocalíptico. Desafortunadamente el niño crece; al atracador lo matan; el director se queda sin dinero y el gigoló enferma, y entonces ya no te queda más alternativa que escribir."

Roberto Bolaño

martes, 31 de mayo de 2016

Consejos sobre el arte de escribir cuentos, de ROBERTO BOLAÑO




Como ya tengo cuarentaicuatro años, voy a dar algunos consejos sobre el arte de escribir cuentos. 

1) Nunca aborde los cuentos de uno en uno. Si uno aborda los cuentos de uno en uno, honestamente, uno puede estar escribiendo el mismo cuento hasta el día de su muerte. 

2) Lo mejor es escribir los cuentos de tres en tres, de cinco en cinco. Si se ve con energía suficiente, escríbalos de nueve en nueve o de quince en quince. 

3) Cuidado: la tentación de escribirlos de dos en dos es tan peligrosa como dedicarse a escribirlos de uno en uno, y además lleva en su interior el juego más bien pegajoso de los espejos amantes: una doble imagen que produce melancolía. 

4) Hay que leer a Quiroga, hay que leer a Felisberto Hernández y hay que leer a Borges. Hay que leer a Rulfo y a Monterroso. Un cuentista que tenga un poco de aprecio por su obra no leerá jamás a Cela ni a Umbral. Sí que leerá a Cortázar y a Bioy Casares, pero en modo alguno a Cela y Umbral. 

5) Lo repito una vez más por si no ha quedado claro: a Cela y a Umbral, ni en pintura. 

6) Un cuentista debe ser valiente. Es triste reconocerlo, pero es así. 

7) Los cuentistas suelen jactarse de haberse leído a Petrus Borel. Gran error: ¡deberían imitar a Petrus Borel en el vestir! ¡Pero la verdad es que de Petrus Borel apenas saben nada! ¡Ni de Gautier, ni de Nerval! 

8) Lleguemos a un acuerdo. Lean a Petrus Borel, vístanse como Petrus Borel, pero lean también a Jules Renard y a Marcel Schwob, sobre todo lean a Marcel Schwob y de éste pasen a Alfonso Reyes y de ahí a Borges. 

9) La verdad de la verdad es que con Edgar Allan Poe todos tendríamos de sobra. 

10) Piensen en el punto número nueve. Piensen y reflexionen. Aún están a tiempo. Uno debe pensar en el nueve. De ser posible: de rodillas. 

11) Libros y autores altamente recomendables: De lo sublime, el Seudo Longino; los sonetos del desdichado y valiente Philip Sidney, cuya biografía escribió Lord Brooke; La antología de Spoon River, de Edgar Lee Masters; Suicidios ejemplares, de Enrique Vila-Matas, y Mientras ellas duermen, de Javier Marías. 

12) Lean estos libros y lean también a Chéjov y a Raymond Carver, uno de los dos es el mejor cuentista que ha dado este siglo.



ROBERTO BOLAÑO, Entre paréntesis, Anagrama, Barcelona, 2004, págs. 324-325

viernes, 17 de octubre de 2014

Los detectives de Bolaño


Los Detectives


Soñé con detectives perdidos en la ciudad oscura. 

Oí sus gemidos, sus náuseas, la delicadeza 
De sus fugas. 
Soñé con dos pintores que aún no tenían 
40 años cuando Colón 
Descubrió América. 
(Uno clásico, intemporal, el otro 
Moderno siempre, 
Como la mierda.) 
Soñé con una huella luminosa, 
La senda de las serpientes 
Recorrida una y otra vez 
Por detectives 
Absolutamente desesperados. 
Soñé con un caso difícil, 
Vi los pasillos llenos de policías, 
Vi los cuestionarios que nadie resuelve, 
Los archivos ignominiosos, 
Y luego vi al detective 
Volver al lugar del crimen 
Solo y tranquilo 
Como en las peores pesadillas, 
Lo vi sentarse en el suelo y fumar 
En un dormitorio con sangre seca 
Mientras las agujas del reloj 
Viajaban encogidas por la noche 
Interminable.

...
Roberto Bolaño

miércoles, 13 de noviembre de 2013

La suerte


Él venía de una semana de trabajo en el campo 
en casa de un hijo de puta y era diciembre o enero, 
no lo recuerdo, pero hacía frío y al llegar a Barcelona la nieve 
comenzó a caer y él tomó el metro y llegó hasta la esquina 
de la casa de su amiga y la llamó por teléfono para que 
bajara y viera la nieve. Una noche hermosa, sin duda, 
y su amiga lo invitó a tomar café y luego hicieron el amor 
y conversaron y mucho después él se quedó dormido y soñó 
que llegaba a una casa en el campo y caía la nieve 
detrás de la casa, detrás de las montañas, caía la nieve 
y él se encontraba atrapado en el valle y llamaba por teléfono 
a su amiga y la voz fría (¡fría pero amable!) le decía 
que de ese hoyo inmaculado no salía ni el más valiente 
a menos que tuviera mucha suerte.
...
Roberto Bolaño

viernes, 30 de agosto de 2013

Godzilla en México



Atiende esto, hijo mío: las bombas caían 

sobre la Ciudad de México 
pero nadie se daba cuenta. 
El aire llevó el veneno a través 
de las calles y las ventanas abiertas. 
Tú acababas de comer y veías en la tele 
los dibujos animados. 
Yo leía en la habitación de al lado 
cuando supe que íbamos a morir. 
Pese al mareo y las náuseas me arrastré 
hasta el comedor y te encontré en el suelo. 
Nos abrazamos. Me preguntaste qué pasaba 
y yo no dije que estábamos en el programa de la muerte 
sino que íbamos a iniciar un viaje, 
uno más, juntos, y que no tuvieras miedo. 
Al marcharse, la muerte ni siquiera 
nos cerró los ojos. 
¿Qué somos?, me preguntaste una semana o un año después, 
¿hormigas, abejas, cifras equivocadas 
en la gran sopa podrida del azar? 
Somos seres humanos, hijo mío, casi pájaros, 
héroes públicos y secretos.
...
Roberto Bolaño

viernes, 12 de julio de 2013

Todo parece inmutable


Las calles que recorrí ya no parecían las mismas  del día anterior aunque yo sabía que eran las mismas, las calles no cambian de la noche a la mañana, es posible que en algunos lugares si cambien, pero yo  no conozco esos lugares, tal vez en África, pero aquí no, aquí el que estaba cambiando era yo y durante un buen rato caminé pensando en eso: estoy cambiando, pero cuando llegué a la peluquería me di cuenta de que seguía igual, las calles se habían movido ligeramente hacia la izquierda o hacia la derecha, hacia arriba o hacia abajo, pero yo seguía igual.
...
"Una novelita lumpen"
de Roberto Bolaño