jueves, 1 de julio de 2021

LOS BOLSILLOS DE SU ALBORNOZ LLENOS DE NOTAS

No habla mucho pero apunta palabras sueltas y frases de conversaciones o cosas que se le ocurren. Las apunta con su lápiz en papelitos que arruga y mete en sus bolsillos y que son como pequeños tesoros que cuando vuelve a leerlos le vuelven a sorprender. 

Entro en la habitación y le doy un abrazo. Hablamos de cuando éramos niños y de como eran las cosas entonces. Me pregunta si quiere que pidamos algo de comer y le digo que lo que quiera. Me dice que entonces mejor lo pide más tarde, que el hotel tiene cocina las 24 horas. 

Hacemos como siempre y le pregunto que tiene. Sonríe y me enseña un montón de estas notas que saca de los bolsillos del albornoz. Puñados de papelitos arrugados que pone sobre la mesa y estiramos para leerlos.

Notas que dicen:

Lo tengo. ¿Por cuánto tiempo?

- Ya no estaba bebiendo, estaba inundándome.

Spock al capitán Kirk: “Nos han hecho daños de consideración, pero todavía somos capaces de maniobrar”

- Teresa dice: “Siempre le sorprende la noche. Nunca se da cuenta de que llega”.

El policía que se mordía las uñas hasta atrás

- Nacho dice: "Me rompí un diente comiendo pizza. Estaba borracho. Todos estábamos borrachos"

- Ese pintor belga de principios del siglo XVI que no me acuerdo como se llama.

- Jesús se levanta y grita: ¡Basta de tanta tomadura de pelo!

- “Tu amarga pena es suficiente prueba”, Mozart, La Clemenza di Tito, Acto II. Escena 2ª.

- Escuchar jazz en la radio del coche, por la noche, en la autopista.

- Pájaros muertos en el porche después de estar fuera tres meses.

- Pensar en las 104 sinfonías de Haydn. No todas fueron buenas. Pero fueron 104.

- Estoy vivo porque estoy acompañado.

- Después del porno.  Tres hombres y una mujer ven tele tienda en la habitación de un motel.

- No olvidarse de cuando el teléfono estaba descolgado
un día entero, todos los días.

- Una vez conduje quinientos kilómetros con un hombre muerto en el asiento de atrás.

Apenas hemos empezado a leerlas cuando me dice que ya es hora de pedir algo de comer. Después de la cena leeremos el resto.

VACUNA


Vuelvo a Madrid y me vacuno. En el Hospital 12 de Octubre la fila es kilométrica y hace calor, pero la sensación es de progreso y todo avanza de forma rápida y eficiente. Parece tan raro estar aquí en fila esperando que te pinchen, como igual de raro fue estar metido en casa tres meses porque fuera de casa moría gente. 
Tuve la enfermedad y fui asintomático. Tuve esa suerte, así que ahora solo me pinchan esta vez y se supone que ya está. Me pinchan con Pfizer y me dan un papel que dice que tengo la pauta completa. Ahora la franquicia está dentro de mí. En el futuro seré de Pfizer con una dosis y ya me dirán. Las noticias de los próximos años silenciarán los problemas de esta u otra vacuna. Vacunarse se convierte en una especie de apuesta, donde por ahora te sientes aliviado de no estar pinchado por AstraZeneca.

Pasan las horas y no tengo ningún tipo de efecto secundario. Todo parece inocuo. Un poco de dolor en el lugar del pinchazo, pero nada más.
Luego voy corriendo a recoger el coche del taller y salgo a ver a un cliente para cerrar un presupuesto, porque mañana me vuelvo a marchar. Vengo de Galicia y me voy a Almería. Un mes. En Madrid solo estoy hoy y me voy mañana si me dejan el coche arreglado. Eso es lo que pretendo: Estar en Madrid el menor tiempo posible.
Todo bien hasta que el coche se queda parado en el semáforo de la Palma con San Bernardo. Bloqueado. No quiere arrancar y no hay explicación. Nadie sabe porqué, ni el de la primera asistencia, ni el de la grúa ni el mecánico. No arranca pero no hay nada roto pero no arranca pero no se sabe porqué. 
Grúa y vuelvo en cercanías a casa.
El coche se va al taller y no arranca, no se sabe que pasa y yo sigo en Madrid. Pasa el día y no hay respuesta. Lo mismo que ayer, el coche está bien pero no arranca. Está bloqueado, en modo defensa, en hibernación, se protege. Un montón de cosas así que me recuerdan a Bartlebly el escribiente: El coche se para en un semáforo y ya no quiere caminar más.
Este coche se ha ido a la mierda, es lo que pienso. Lo dejo en el taller sin solución y creo que se acabó. Todo está bien pero no se mueve. Nadie lo entiende.

Consigo un coche barato para salir de aquí y salir hacia Almería mañana a primera hora. Voy a llenar el coche de maletas, palas de pádel, lienzos y pinturas para poder seguir haciendo en Almería lo que hago en todas partes: Pintar y vivir. Un mes en Almería, luego vuelvo a Madrid.