miércoles, 31 de diciembre de 2025

Nuevo año


Ahora, en esta noche del nuevo año, donde olvidarán mi dirección y el recuerdo de hacerme una visita o llamarme. Tal vez sea porque estoy lejos y distante y no hay minutos en los que se me nombre, quizás nunca o quizás la mayoría de los días. 

Esta noche ninguna estrella brillará sobre mi y con suerte me acompañará el silbido del viento entre los chopos detrás de la casa. Casi no hay sombra que me siga, pero por si acaso apagarás las luces y te moverás a solas por toda la casa sin mirar atrás. Luego más tarde, para dormir no harás el gesto de quitarte, la sombra, de los hombros. 

¿Qué será esto? ¿La tristeza? Quizás Sí. Quizás sea la tristeza.

Esa vieja canción que sabes de memoria. Que se va repitiendo. Deja que se repita. Y déjala que vuelva a suceder de nuevo. Y que suene también en la hora de la muerte. Como agradecimiento de los ojos y labios hacia aquello distante que a veces nos obliga a entrenar la mirada.

Y contemplando el techo, te quedas en silencio: el calcetín, colgado, exhibe su vacío. Entiendes finalmente que tanta mezquindad es solo garantía de que te has hecho viejo.
Que es demasiado tarde para creer en milagros. 

Y al alzar tu mirada hacia el oscuro cielo de pronto te das cuenta de que hoy el más sincero regalo eres tú mismo.



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