domingo, 8 de enero de 2017

Podemos caminar descalzos sobre los huracanes.


Últimamente paso mucho tiempo en los trenes. Siempre estoy entre dos lugares. La estación que acabo de dejar y la que está por llegar. Miro por la ventana reconociendo los mismos paisajes de ida y vuelta pero con distinta luz. Mas o menos cerca de casa, mas o menos tarde. Viajar en tren es una forma ordenada de vivir, porque aunque hay una parte de mí que siempre quiere estar en otro lugar, todo el tiempo calculo la distancia hasta mi hogar.

Soy el que siempre quiere irse, pero siempre se queda. Estoy en un tren. Aunque conozco el nombre de la parada en la que me bajo, siento que no voy a ninguna parte. Eso soy yo desde los 15 años, un tipo que sonríe y no sabe hacia donde se dirige.
Pienso en la gente que no me gusta y me doy cuenta que la lista va creciendo. Si me dejan otros cuarenta años, acabo con cualquiera. Me imagino viejo y gruñendo hacia cualquier cosa que se mueva o respire.


He estado escribiendo sobre todo esto, de forma continuada, desde al menos diez años. Antes también, pero además tenía el dibujo, y el dibujo era suficiente. Ahora escribo. Sin fin, sin plan, de forma automática. Arranco una palabra del teclado y luego sigue un párrafo, luego otro. No se muy bien lo que hago. Para mí, escribir, es lo mismo que dibujar o caminar o viajar en tren. Todo es la misma cosa. Todo me conduce hacia un mismo sitio: Ninguno.

Tal vez escribo o dibujo o viajo en tren porque es mi manera de tratar de llegar al otro lado.

Esto es lo que sé:
Hay mas sentimientos en el mundo que palabras. Por eso nos ahogamos. Porque no sabemos lo que nos pasa.
A esto de no saber lo que nos pasa si le ponemos palabras: Ansiedad, depresión, trastorno de la personalidad y un montón de recetas añadidas.
Hay muchas más palabras para los colores. Cientos de maneras de describir el azul y los océanos y los cielos y la profundidad.
Esta es la razón por la que los pintores están a salvo. Porque, aunque no pueden describir los sentimientos, tienen los colores.
Seguramente haya mas escritores suicidas, poetas, periodistas o actores que pierden la cabeza que pintores. Los pintores podemos caminar descalzos sobre los huracanes.

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