domingo, 3 de mayo de 2020

¿Quién sabe que día es hoy?



No sé en qué día de la semana vivo, y no sé cuántos días de confinamiento llevamos, y a veces tampoco sé ni qué hora es. La nueva rutina del confinamiento hace que pierda la noción del tiempo. A veces solo quiero que pase el día, sin más, y confundo un día con otro. En mi memoria, al no encontrar diferencias de ningún tipo, todo me parece un mismo momento pausado. Todos los planes que me propuse al inicio del confinamiento, cuando pensé que era el momento de aprovechar el tiempo, han fracasado, porque al poco me dí cuenta que no tengo nada que hacer fuera del mundo anterior, y que todas esas cosas que estaba aplazando para cuando tuviese tiempo, en realidad no eran reales. No tengo tanto mundo interior. Es la rutina lo que me sostiene.

Durante 50 días hemos estado en casa y no ha pasado nada real. La realidad se ha convertido en una pantalla de televisión donde nos han domesticado en beneficio de nuestra supervivencia. Finalmente, la falta de estímulos externos y estar siempre en el mismo entorno hacen que perdamos la noción del tiempo. Al no salir a la calle no nos relacionamos con otras personas ni ocurren cosas a nuestro alrededor que nos ayuden a marcar la temporalidad, vivimos en una especie de burbuja.

“En los procesos de encierro prolongados, ya sea por una situación de confinamiento como esta, por un secuestro o por una decisión voluntaria, lo primero que se anula son las dimensiones espacio-tiempo, que nos marcan quiénes somos y dónde estamos”, aclara el psicólogo José Ramón Ubieto, 

Pasa incluso en vacaciones, cuando perdemos los horarios que marcan el día a día, y también en ingresos hospitalarios prolongados. “Por eso, lo primero que se hace cuando se atiende a una víctima de un accidente es preguntarle quién es y dónde está para restablecer esas coordenadas”

Nuestro reloj interno está confundido. No tenemos referencias, la gente no tiene calendario en casa, todo está en el móvil. Hemos perdido Marzo, Abril y Mayo y todas las emociones y momentos sociales que se derivan de ésto, de la primavera y de tener más horas de sol y de florecer. El hecho de que las noticias de los medios de comunicación sean siempre iguales tampoco ayuda. Sólo sabes que es fin de semana porque cambia el presentador. El resto de televisión se convierte en un maratón eterno de series, sin fecha, y durante horas el tiempo se congela y en nuestra nueva realidad no hay que esperar para ver el siguiente capítulo. El mundo de la televisión estaba preparado para el tiempo estanco y estaba esperando a que todos estuviésemos en casa.

Para la gente mayor, salir a las ocho al balcón para aplaudir se a convertido en el contacto con la realidad. Es totalmente necesario, y entienden dejar de salir como un abandono hacia la muerte.
Si no ves a nadie, uno se refugia en si mismo, sobre todo si estás pasando el confinamiento en soledad, lo que produce una especie de bloqueo en el tiempo, ya que se pierden las prisas y esperas propias de las relaciones sociales que marcan nuestra día a día.

Estar siempre en el mismo entorno supone otro problema. “La temporalidad se activa cuando salimos a la calle y recibimos estímulos externos. Ahí tomamos conciencia del día que es”, explica Ortega. De alguna manera se rompe con esa rutina que se nos ha impuesto por estar encerrados en casa. El teletrabajo nos ha obligado a no salir, los estudiantes no tienen que ir a clase y cada vez hay más casos de gente que pierde el empleo. Así, un lunes es igual a un sábado. Y un domingo a un miércoles. El famoso Día de la Marmota se ha convertido en la rutina. Y la rutina es la verdad.

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